Concha!

La primera vez que te conocí, lo confieso, no me caíste bien, aunque para ser justos, creo sentiste lo mismo hacia mi.   Mi hermana me pasó recogiendo en su auto y tu venías en el asiento trasero. Que manera de hablar, que manera de no parar (pensé)! Ese eras tu, no parabas nunca.  Luego supe que venias de dar una mano a mis padres en lo tuyo, las computadoras, y eso que ni siquiera los conocías.  Ese también eras tu. Siempre dispuesto a ayudar, siempre dispuesto a dar una mano, solo bastaba pedírtelo.

Veníamos de mundos diferentes, pese a haber nacido en el mismo país. Yo aun me seguía acomodando a la vida gringa mientras tu eras un perfecto newyorquino.  En poco tiempo tu y mi hermana se enamoraron; en el amor las diferencias desaparecen, no tanto en las relaciones políticas o de amistad.  Poco a poco empezamos a conocernos, y muy temprano encontramos que teníamos mucho en común. Nos gustaba la cerveza e ir al estadio. 100% matching!  Lo tuyo, sin embargo, era el béisbol con los Yankees, el futbol americano con los Giants, el futbol colegial con tus Gators y otros tantos mas. Lo mio, el fútbol con la Liguita y el Real Madrid.  Poco a poco te contagié algo de lo mio, pero definitivamente conseguiste enamorarme de los Yankees tanto como tu.  En julio del 2008 saltabas como loco junto a mi cuando Liga quedó campeón de América, y te pagué de vuelta pocos meses después cuando los Giants vencían al odioso de Brady en el Super Bowl.

Empezamos a coincidir una vez por semana para ver el juego juntos. Empezamos a forjar una amistad. Cuando surgió la oportunidad de que ustedes compren una casita en la querida Nutley, veniste a mi casa y me dejaste en claro que la UNICA opción para que tu compres la casa era que yo y mi familia nos vayamos contigo.  Era el lugar ideal. Una casa de dos familias, en un tranquilo y bello pueblo alejado del mundanal ruido, en donde nuestros pequeños tendrían la oportunidad de ir a buenas escuelas y crecer tranquilo.  Poco importaba que eso significaría mayores gastos y un esfuerzo adicional para ir todos los días a la ciudad.  Y lo hicimos, empezamos una aventura que soñábamos iba a durar toda la vida, al menos hasta que estemos viejitos. 

Todo lo que hicimos en esa casa juntos fue inolvidable y espectacular, algunas veces épico. Cuánta vida le dimos a ese hogar.  Hablando de vida, ahí prácticamente vio la luz mi hijo, el menor. Lo viste crecer y lo amaste como a todos, como a pocos. Eras por derecho ganado desde el inicio el llamado a ser su PADRINO y asi fue, aun con reparos en cuanto a la religión como tal, lo presentaste ante el altar como tu ahijado. Cuan orgulloso eras de el, hasta el último seguías pensando que más hacer para darle las herramientas para que desarrolle todo su potencial.  Te aseguro que tarde o temprano seguirá tus pasos, el ama tanto a las computadores como tu lo hiciste, el te va a extrañar y les vas a hacer falta un montón.  A todos nos vas a hacer falta un montón.

Tu cabeza no paraba de pensar. Siempre estabas haciendo planes para el futuro, aun cuando hace poco te sorprendió esta infame enfermedad nunca, ni siquiera por un segundo, dejaste de planificar para mañana.  Nunca dijiste “si me mejoro”, lo tuyo era “cuando me mejore vamos a hacer esto y esto mas…” 

Pese a que nos imaginamos envejecer en la casita de Nutley, fuiste el primero en animarme y alegrarse cuando pude adquirir la mia. Y ahí estuviste otra vez, con tus herramientas y tu fortaleza para hacer lo tuyo, ayudar.   A partir de ahora trataremos de ser un poquito mas como tu, honraremos tu legado.

Aca te vamos a extrañar toda la vida. Todos quienes te conocieron tienen una gran historia que contar. Con todos creaste memorias y dejaste una huella imborrable. Era imposible que entres a la vida de alguien sin dejar tu marca. Dejas un hueco enorme y  corazones destrozados, en especial de una mujer que te amó.  Quédate tranquilo que nos haremos cargo de mi hermana, ella saldrá adelante y culminará los sueños que juntos crearon. Y quédate tranquilo que no dejaremos solo a Michael. A el, como a ti, te adoptamos hace mucho, mucho tiempo.

Conchita, ve tranquilo. Gracias por todo. I love you. I will miss you.

My Yankee mate.

The first time I met you, I’ll confess, I didn’t like you, although to be fair, I think you felt the same about me. My sister picked me up in her car and you were in the back seat. What a way to talk, what a way not to stop (I thought)! That was you, you never stopped. Then I learned that you had just came from lending a hand to my parents in, computers, and that you didn’t even know them. That was you too. Always willing to help, always willing to lend a hand, the only thing we needed to do was ask.

We came from different worlds, despite being born in the same country. I was still accommodating to the gringo life while you were a perfect New Yorker. In a short time you and my sister fell in love; in love the differences disappear, not so much with the in-laws or friendship relationships. Little by little we began to meet, and very early we found out that we had a lot in common. We liked beer and going to the stadium. 100% match! Yours, however, was the Yankees baseball, American football with the Giants, college football with your Gators and many others. Mine, soccer with la Liguita and Real Madrid. Little by little I introduce you something of mine fanatism, but you definitely got me to fall in love with the Yankees as much as you. In July 2008 you jumped like crazy next to me when Liga became champion of America, and I paid you back a few months later when the Giants beat Brady’s hateful bunch in the Super Bowl.

We start to match once a week to watch the games together. We begin to forge a friendship. When the opportunity arose for you to buy a house in the dear Nutley, you came to my house and you made it clear to me that the ONLY option for you to buy that house was if I and my family go with you. It was the ideal place. A house of two families, in a quiet and beautiful town away from the worldly noise, where our little ones would have the opportunity to go to good schools and grow. It mattered little that this would mean higher expenses and an additional effort to go to the city every day. And we did it, we started an adventure that we dreamed was going to last a lifetime, at least until we are very old. Everything we did in that house together was unforgettable and spectacular, sometimes epic. How much life we gave to that home. Speaking of life, there practically saw the light my son, the youngest. You saw him grow and you loved him as everyone, as few. You were by right earned from the beginning the call to be his GODFATHER and so it was, even with objections as to religion as such, you presented him to the altar as your godson. How proud you were of him, until the last you kept thinking what else to do to give him the tools to develop his full potential. I assure you that sooner or later he will follow in your footsteps, he loves computers as much as you did, he will miss you and he will need you a lot. We are all going to needing you a lot.

Your head kept thinking. You were always making plans for the future, even if you were recently surprised by this infamous disease, you never stopped planning for tomorrow. You never said “if I get better”, yours was “when I get better we will do this and this more …” Although we imagined getting old in Nutley’s house, you were the first to cheer me up and be happy when I could acquire mine. And there you were again, with your tools and your strength to do your thing, help. From now on we will try to be a little more like you, we will honor your legacy. Here we will miss you all our lives. Everyone who met you has a great story to tell. With everyone you created memories and left an indelible mark. It was impossible for you to enter someone’s life without leaving your mark. You leave a huge hole and broken hearts, especially of a woman who loved you. Rest assured that we will take care of my sister, she will move forward and culminate the dreams you created together.

And rest assured that we will not leave Michael alone. He, like you, we adopted him long, long time ago. Conchita, go quiet. Thanks for everything. I love you and I will definitely miss you.

GRACIAS

Tras la partida de papi, acaecida precisamente en el “Día de Acción de Gracias”, empezaron a llegar los mensajes de solidaridad y empatía de familia y amigos regados alrededor del mundo. Inicialmente nadie en mi casa tuvo ánimos ni fuerzas para leer o escuchar, peor aún para responder tantas muestras de cariño. Al paso de unos pocos días, en donde parecía nos íbamos recuperando de tremendo golpe, poco a poco intentamos ir respondiendo a quienes, amablemente, nos hacían llegar su apoyo y consuelo.

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Cuando 10 días después, tras dejar a papi en su morada final, tuvimos que dar cara a muchos de esa familia y amigos, que no cesaban de hacerse presente, mami me pidió de manera muy especial que me encargue de responder a todos y cada uno de ellos, de hacerles saber que apreciábamos sus muestras de cariño, que nos venían bien todas sus bendiciones, que éramos gratos. Ella leyó todos sus mensajes pero no tenía fuerzas para responder, de hecho a duras penas si tuvo fuerzas para completar un par de cosas pendientes, como dejar señalándonos donde iban a estar unidos ella y papi por siempre, y presurosa corrió a sus brazos.
Expresar en palabras el dolor y vacío que sentimos mis hermanos y yo es imposible. También es imposible imaginarse el cariño, respeto y admiración que sentimos entre nosotros. El trabajo de mis padres no fue en vano. Así mismo, expresar la gratitud que sentimos por todos quienes, cerca o lejos, han estado junto a nosotros en estas semanas que ni en las peores pesadillas imaginamos, se antoja ciertamente muy difícil. Quizás un abrazo del corazón, real o virtual, sea lo único que podamos brindarles de vuelta. Sigue costando un mundo ponerse frente a un tablero para escribir sobre esto; sigue costando aún más hablar o encontrarse con alguien para hacerlo en persona.
Quiero en esta pequeña nota cumplir la promesa que le hice a mi mami y darles las eternas GRACIAS por estar ahí. Por sus palabras, por sus lágrimas, por su apoyo, por su voz de aliento. Empezando por nuestros/as esposos/as quienes nos han acompañado en las buenas y en las malas, quienes estuvieron ahí para nuestros padres y para nosotros. A nuestros hijos, quienes viviendo su propio drama pudieron conocer y querer un poco más a sus abuelitos y son el motor que nos impulsa a levantarnos y seguir. Sin ellos sería imposible. A la familia, tíos y primos, cercanos y lejanos, aquellos que lograron estar presentes y a aquellos que no pudieron. A los amigos, esos que forjaron en 3 cuartos de siglo mis padres, esos que nunca los olvidaron, esos que siempre los recordarán. A nuestros amigos, muchas veces más cercanos que la propia familia. A los que ya no están pero siempre nos acompañaron.
En especial debo dar las gracias a quienes dejaron todo para compartir juntos a mis padres la última parte de su recorrido: Mis tíos. Marianita, ñaña Tere y ñaño Silvio. GRACIAS. Con ustedes a nuestro lado no nos hemos sentido tan solos. No nos hemos sentido tan vacíos. No nos hemos sentido huérfanos. Ellos sabían que esta parte del recorrido no era solo el final de mis padres, mas el primero de nosotros sin ellos. Y no faltaron a la cita. Si el mejor regalo que un hermano te puede dar es un sobrino, entonces el mejor regalo que un padre te puede dejar es un TIO(A). Gracias a nuestros primos por dejarles a sus padres ocuparse unos días de nosotros.

Y por supuesto no puede faltar el Gracias especial para el ángel que cuidó de mis padres con abnegación y completa dedicación: Amparito. Ciertamente hizo de los últimos meses unos muy especiales.
Ahora nos corresponde a nosotros crear memorias en nuestros hijos que de alguna manera revivan lo que nuestros padres hicieron y conseguir que algún día quizás, cuando llegue nuestro turno, también quieran estar en nuestra última parte del recorrido, cuidando de sus viejos. Intentaremos ser mejores cada vez. Para empezar habrá que ir desconectándose de la esclavitud de los “teléfonos inteligentes” y las redes sociales. La modernidad ciertamente nos acercó de los que están lejos, pero sin duda nos alejó de los que están cerca. Eso, y que todo es perfección y felicidad en el mundo virtual, cuando el momento actual no se acerca precisamente a esas cualidades, hace que me aleje indefinidamente de Facebook. No crean o piensen que voy a bloquear o eliminar a nadie, es simplemente que no estoy en capacidad de seguir lidiando con los recuerdos que TODOS los días me trae esta plataforma. Para recordar a mis padres, tan solo hace falta abrir los ojos y empezar el día. Quizás luego, cuando hayamos logrado controlar la adicción, cuando el dolor ya no duela tanto, regresemos. Por ahora, y por enésima vez: GRACIAS. De parte de mis papis, de parte mi familia, de parte mía.
Cuando me necesiten solo escriban (bnorona@yahoo.com), estaré encantado de seguir en contacto con toda mi gente querida.

Dejar huella

“Hay personas que pasan por la vida dejando huella. Su mamá fue una de ellas”. Con esta frase un amigo de la casa empezaba su introducción para recordar con cariño a la autora de mis días. Si, lo escuchábamos una vez más, como miles de veces, en las voces o mensajes de aquellas de personas que tuvieron la dicha de encontrarse en algún momento con la Carmita, como todos, tarde o temprano llegaban a conocerla, y volvíamos a sentir el mismo orgullo.

Vivió orgullosa de haber nacido en la singular y hermosa ciudad de Zaruma, provincia de El Oro, pero su casa siempre fue la querida Huaquillas, de hecho, dada su belleza fue coronada como su primera reina allá en los albores de los 60s. Desde pequeña fue dejando huella.

Mami siempre supo encontrar lo mejor de las personas que conocía, apoyada por supuesto en su intuición; puedo asegurar que contadísimas personas en sus tres cuartos de siglo no lograron convencerla de, al menos, una cualidad positiva.

Fiel a sus creencias, cariñosa y dulce, amable y generosa, se convirtió en una hija, hermana, tía, esposa, madre y abuelita sin igual. Querendona y defensora de los suyos a ultranza. Enojona a ratos, pero con una capacidad de perdón simple y pronta, tanto que aun herida, siempre encontró la manera de dar paz a su corazón y olvidar. Ella no quedó debiendo cariño a nadie.

Aunque su pasión no pasaba dentro de las paredes del hogar hizo del cuidado abnegado de su esposo y familia su misión en la vida. Ni una enfermedad que tenía destino final, ni las separaciones obligadas de sus hijos, ni siquiera el golpe de perder un hijo muchos años atrás hizo que deje de luchar, de velar por los suyos, jamás.

5 fuimos los vástagos que fuimos bendecidos al nacer en sus entrañas, pero si por hijos se cuentan aquellos que contaron con ella siempre para ser recibidos en casa, para recibir un plato de comida, para escuchar una palabra de aliento o un buen jalón de orejas, para recibir un cariño incondicional, entonces mami fue la mami de decenas, de cientos, (jóvenes y no tan jóvenes, de familia y amigos, de los que son o fueron), que la recordarán por toda la vida. Quizás alguno hasta llegue a extrañarle tanto como lo haremos nosotros, aunque a diferencia de ellos tendemos a los nietos para recordárnosla cada minuto: Su poder de argumentación en Samantha, su poder de defender a los suyos en Tiffany, su seriedad en Joshua, su calidez en Mauricio, su sonrisa sincera en María Paula, su capacidad analítica en Ian, su nobleza en Ethan, su incansable fuerza en Rafaela, su carita y alegría en Violeta, su deseo de ser eterna en Oli…

Al partir papi, muy poquitos días atrás, mami nos dejó saber muy claramente que su misión (cuidar de el) había terminado y que pronto iría a estar a su lado, como lo estuvo cada día durante los pasados 50 años. En su terquedad era imposible discutir con ella, simplemente no nos dejó cuidarla como le habíamos prometido a papi y corrió al encuentro de sus brazos. Otra vez, como siempre lo hacían cuando salían a disfrutar de su propio espacio yendo al cine, a comer o bailar, nos dejaban solos en casa cuidando unos de otros, solo que esta vez la espera será larga, muy larga. Nos dejan un vacío imposible de explicar, peor aún de llenar, pero más importante aún nos dejan un legado y un ejemplo que ojalá alguna vez estemos en capacidad de emular.

Ojalá lleguemos a idolatrar y adorar a sus padres y hermanos como ella lo hizo. Ojalá estemos en capacidad de abrir nuestra casa de par en par cuando alguien nos necesite. Ojalá estemos siempre dispuestos a defender a los nuestros con todo nuestro corazón. Ojalá podamos siempre encontrar lo mejor de las personas como lo hacía mami. Ojalá podamos perdonar pronto cuanto nos sintamos dolidos.

Y aunque ya no tendremos el refugio que significaba su hogar, el recuerdo de papi y mami llenará seguro cada minuto del eterno dolor que sentiremos por su ausencia. Nos faltarán los días para recordarlos, nos faltarán los días para extrañarlos, nos faltarán los días para amarlos, pero nunca nos faltarán los consejos y sus buenas enseñanzas. Su amor nos guiará. Por primera vez ya no tendré quien me llame al teléfono y luego del consabido (sinvergüenza) ponerme al oído de papi para que el me pueda escuchar, ya no tendré quien a escondidas saque de sus ahorros para darme el dinerito que “siempre hace falta para algo de los chicos”, ya no me quedaré esperando a que lleguen a casa después de su salida romántica… total, de aquí, de mi corazón y mi mente, no se han ido jamás. Su huella jamás se borrará.

Descansen papitos, se lo merecen.

We will love you forever.

Un guerrero azul y grana.

De esos guerreros que solo se pueden descubrir al leer un libro de inmortales872A361C-D1F4-4CB0-A194-24167E0F6115, de esos luchadores épicos como el Cid, de esos seres que están marcados para dejar huella. Uno de esos quiteños, de QUITO, que ya no se encuentran por ningún lado. Nació en las entrañas de la Carita de Dios, en las adelgazadas calles de La Ronda allá por 1942, quizás eso le marcó para el que sería uno de los varios sobrenombres por el cual le conocieron seres a los que adoró, empezando por mi madre: Flaco. Pero también fue el “Boli”, el “Bolito”, el “tío Boli”, el “Bolivitar”, el “papi”, el “abuelito”, fue mucho y todo a la vez.
Desde muy temprano en la vida aprendió que luchar era la única opción para salir adelante. Y eso fue en esencia su recorrido por la vida, una constante lucha (como la tía Lucha en sus propias palabras). Desde arriesgarse a los “cariños” de la mamá Blanquita por osar quedarse leyendo libros, aprendiendo inglés, a altas horas de la noche, alumbrado por un faro, en vez de ir a dormir; de ir vendiendo cigarrillos y caramelos en las calurosas y peligrosas calles y estadios de un tierra inhóspita para un niño serrano, Guayaquil; de por su propia cuenta exigir matrícula en su querido San Pedro Pascual, cuando era rechazado por venir precisamente de Guayaquil (que ironía); de adentrarse en la selva para servir de guía a extranjeros en su auto aprendido inglés; de seguir adelante cuando aún muy joven se quedó sin su pana del alma, el tío Luchito; de decidirse a estudiar en la universidad ya con un matrimonio e hijos a cuestas (y hacerlo con honores y una medalla de oro); de reponerse de un corazón vuelto trizas tras la partida de su hijo Mauricio; de decir adiós a sus adorados padres; de rehacer su vida en otra tierra, dejando atrás todo lo conseguido en la suya; de partir su familia en dos y no descansar hasta reunirla de nuevo; de lidiar uno a uno con los males que le trajo consigo una diabetes implacable; de seguir vivo, aun estando ausente, en los corazones de sus seres queridos.
Pero su lucha, sus guerras, siempre tuvieron una constante: las peleaba con su mente y con su corazón, no con su cuerpo. Recuerdo una vez, una de cientos en el estadio en donde se armaba la típica bronca al final del partido. Era la primera vez que lo vi en plan de enfrentamiento personal, pero hasta para eso era difeórente: primero había que asegurarse que estábamos en mayoría y, además, con la correa en la mano, nada de golpe a golpe.. que se maltraten los otros. Incluso en estos años eternos de visitas interminables al hospital, su mente siempre fue capaz de superar a su cuerpo. No se entiende de otra manera que haya vencido una y otra vez los pronósticos médicos, incluso esta última vez en que nos dijeron que era “imposible” superar una nueva infección; y sin embargo lo hizo, salió vencedor una vez más, claro que para hacerlo dejó todo lo que le quedaba de vida… Pero venció. Como tantas veces venció a la muerte; como cuando recorría solitario las calles y los bares guayaquileñas; como cuando salió ileso tras embestir su carro debajo de un camión tras la partida de su hijo; como cuando sobrevivió esa temprana partida de el; como cuando un coma diabético se lo quiso llevar; como cuando aguantó inquebrantable 5 años de sesiones de diálisis; como cuando superó dos operaciones abiertas de corazón; como cuando se jugaba la vida de antro en antro (tocó moderar esta parte para que pase la censura).. Seguramente le sirvieron de mucho esos DOS CORAZONES que dicen tener los hinchas del Quito (quizás su único defecto). Vaya que disfrutó de su fútbol y su Deportivo Quito. Pocas cosas le alegraban tanto como una victoria chulla (o una derrota de amarillos o azules).
Nos quedamos con su imagen de ganador. Pero era hora de descansar, era hora de disfrutar del cariño y respeto de los suyos, era hora de dejar a su eterno amor cuidar de si misma y ya no sólo de el, hasta en eso se salió con la suya.

Seres como mi padre no mueren jamás. Viven por siempre en los corazones y en las memorias de sus descendientes. No habrá un solo día en que no dejemos de pensar en el, y no habrá un solo día en que no intentemos honrar su memoria. Su presencia será palpable, minuto a minuto, hora a hora, día a día, mientras nos volvamos a juntar en otro plano, en otra vida, en otra dimensión, en cada detalle suyo que heredamos sus hijos y nietos, así:
Su picardía en las travesuras del Manicho, que aunque pasaron los años nunca olvidamos.
Su fortaleza en Maria de Lourdes que dejó su comodidad para venir a estar a su lado.
Su generosidad en la presencia de Sandri (que le regaló 9 años de vida al donarle su riñon).
Su inteligencia en Mauricio que se convirtió en un gran profesional como su padre.
Su dulzura en Samantha.
Su determinación en Tiffany.
Su seriedad en Joshua.
Su figura delgada en Mauricinho.
Su voz firme y segura en María Paula
Sus ansias por conseguir lo que quería lo más pronto posible en Ian.
Su paciencia en Ethan.
Su pasión en la Rafa.
Sus habilidades danzantes en la Viole.
Su ilusión por vivir en Oli.
Y bueno, alguien tenía que heredar su gusto por el fútbol, la música bohemia, las salidas el fin de semana y las cervecitas… Yo me sacrificaré. Es imposible decirle adiós a quien ha vivido, vive y vivirá en el corazón, pero antes de seguir adelante sin usted a nuestro lado, permítame hacerle una última pregunta: ¿Que le traigo papi? ¿Cola o cerveza?

Es la historia de un amor…

PROTAGONISTAS:  Alberto (en honor a su padre) Bolívar, el cuarto de siete hijos nace en Quito el 24 de agosto de 1942.

Carmita (Yolanda), la cuarta de seis hijos, nace en Zaruma el 14 de agosto de 1942.

 

LA PREVIA

Mamá Blanquita, madre del novio, visita Huaquillas y por medio de Alonso (el naño de la novia), conoce a la novia y su mamita (Rosarito). Entre las dos “suegras” hacen planes futuros para sus hijos. Al regreso a Quito lleva consigo una foto de Carmita, se la muestra al novio y le dice: “Con esta señorita te vas a casar”. Enamorado de la foto (pese a que estaba a punto de contraer matrimonio con otra mujer, viaja a Huaquillas a conocer personalmente a la novia. Como tantas veces diría luego a manera de broma (cachos) en reuniones familiares: “Me enamoré cuando la vi subir a un árbol y me di cuenta de que no tenía calzón”. El novio regresa a Quito y sigue su vida, lo mismo que la novia. Pero un año después regresa por ella y la convence de casarse con el.

 

LA BASILICA

En una hermosa ceremonia, los novios se casan en la Basílica del Voto Nacional en Quito, el 4 de noviembre de 1967. Pasarían luego a vivir en el barrio América de la capital. Mientras Carmita aprendía a cocinar, Bolívar hacía de todo, incluso de dirigente deportivo (hospedando en su departamento de recién casados a jugadores extranjeros del club Politécnico de la Capital).

 

PUNTO DE QUIEBRE:

Tras mas de 3 años de matrimonio y pese a su insistencia en formar una familia, la “hija” deseada no terminaba de llegar. Frustrada y pensando en hacerle un bien a su esposo, Carmita decide dejar su casa y regresar a Huaquillas, donde su familia, sin saber que en su vientre ya tomaba forma el fruto de su amor. Al enterarse de su embarazo, la novia, orgullosa como toda la vida, decide no contarle nada al nuevo papá, hasta que la abuelita Rosarito se entera, claro está. Tras una llamada a la abuelita Blanquita, entre la dos van llevando “prácticamente de las orejas” a la flamante mamita de nuevo a su hogar. Tras cuatro años de matrimonio, llegaría a sus vidas el primogénito: Paúl (5 de julio de 1971). Al día siguiente de su nacimiento, y tras pintar la casa entera con sus propias manos (nunca antes había tomado una brocha) el nuevo papá se inscribiría en la universidad para terminar sus estudios. 5 años después recibía la medalla de oro que lo acreditaba como el mejor egresado de Administración de la Universidad Central del Ecuador.

 

LA DESCENDENCIA:

Tras el primero, las bendiciones no terminaron de llegar a la familia Norona-Campoverde. Mauricio, llegaría un año después (el 18 de septiembre de 1972). María de Lourdes ( la nena) el 11 de junio de 1976 y Sandri el 6 de noviembre del 77. Mientras Sandri llegaba a este mundo, el papi y los dos varones “disfrutaban” de la infaltable tripleta dominguera en el Atahualpa.  

Viajes, alegría, juegos de cartas y felicidad (junto con las tripletas) fueron la norma en esta familia durante muchos años. La calle Imbabura y los vecinos, compañeros inseparables.

 

EL DOLOR ETERNO:

La vida de la familia transcurría entre las tierras de los abuelitos paternos y maternos. Apenas había oportunidad todos corrían a la calurosa Huaquillas. En uno de esos paseos, el destino tenía reservada una sorpresa cruel. Irían 6 pero solo regresarían 5. El rubio de la familia, el “que quiere papi, cerveza o coca cola?”, el “le pegué con el banco del Pacífico”, el inquieto Mauri decía adiós y dejaba un hueco que nunca pudo ser llenado. La vida nunca más volvió a ser igual. Pasarían muchísimos años para aprender a vivir con el dolor.  

 

LO SORPRESA Y EL NUEVO AMANECER

Mientras propios y ajenos lidiaban con el dolor de perder no sólo al pequeño Mauri, si no además a la abuelita Rosarito, en el mismo año, en las entrañas de Carmita crecía silencioso y tranquilo el quinto del clan. Para sorpresa y alegría de TODOS, el nuevo Mauri decía presente el 19 de noviembre de 1980. Su presencia trajo no solo vida sino una nueva ilusión.  

 

HOGAR

Había empezado todo en el barrio América, siguió en pleno centro y continuó luego al norte de la ciudad. Cotocollao nos vio crecer. El condominio nos adoptó. Los momentos felices (las fiestas, los juegos, las serenatas) volvieron. Fueron otro años inolvidables.

 

UN NUEVO DOLOR:

No como aquel que destrozó a este grupo 3 lustros atrás pero una nueva separación hizo sentir los cimientos de esta familia otra vez. La mitad de la familia, los papis y el menor viajaron lejos de la tierra con regreso incierto. Pasarían 10 años para volver a reunir a todos en un mismo lugar. Pero el tiempo pasó.. y uno a uno seguimos el camino trazado por los papis. Lejos de la tierra, era hora de empezar a darle forma a la familia. Puede un árbol extender sus ramas, más sus raíces no se moverán.

 

LOS NIETOS, UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE VIVIR

El tiempo pasó, los hijos crecieron… y empezaron a llegar los nietos. “Hijo de mi hijo, dos veces hijo” Siendo padre no se tiene oportunidad de disfrutar de los hijos. Era hora pues, de disfrutar de los nietos. Y asi llegaron:

Samantha Daniela, el 28 de enero de 1996

Tiffany Lisbeet, el 10 de diciembre de 1996

Joshua Samuel, el 23 de septiembre de 1998

Mauricio Andres, el 15 de enero de 2001

María Paula, el 15 de abril de 2004

Ian Gael, el 22 de septiembre de 2004

Ethan Joel, el 11 de noviembre de 2006

Rafaela Valentina , el 3 de junio de 2010

Violeta , el 30 de septiembre de 2014 

… y los que faltan…

 

Y aquí estamos, 50 años después. Ya no suben al árbol y discuten algo mas que al inicio, pero siguen aquí, juntos, sembrando un ejemplo que pocos estaremos en capacidad de seguir. Preguntan el porqué las relaciones antiguas duran tanto? La respuesta es simple: En el pasado, si algo se rompía se arreglaba, no se reemplazaba.  

Hoy celebramos por todo lo alto sus BODAS DE ORO. Lo lograron. No pudo ser como lo pensaron y soñaron, pero llegaron.  La felicidad no está en la meta sino en cómo disfrutaron del trayecto, y vaya que lo lograron!   Somos muy dichosos de tenerlos. Felicidades!!

¿Estamos haciendo lo suficiente?

Hace pocos días nos reunían de emergencia a mis hermanos y a mi en la fría sala de espera de un hospital. La razón: Tras tres semanas en el hospital y pese a recibir distintos tratamientos, mi padre no lograba superar una severa infección en su sangre y un grupo de galenos no encontraba mejor manera de “enfrentar” la situación que juntarnos y tras una corta “explicación” de la situación médica de nuestro progenitor proceder al tan temido: “Ya no hay nada que hacer.”
No era la primera vez que nos encontrábamos con este capítulo de terror; desafortunadamente lo habíamos palpado con nuestro padre, al menos, un par de veces en los pasados 7 años. Aunque “cancheros” en estas situaciones de vida o muerte, la crudeza de los médicos remeció nuestros corazones. Pero sabiendo de la fortaleza de mi padre, optamos por no resignarnos y si contraatacar. El “yo creo que su padre está muriendo” fue replicado con el: “Todos estamos, de alguna manera, muriendo. Ahora díganos cómo hacer para evitar que eso suceda.”
Tengo mis propias ideas sobre la razón del porqué el accionar de ciertos galenos en un hospital, pero al no poder probar nada opto por callar; sin embargo, me queda claro que muchas personas sin familia o sin alguien que hable por ellos, terminan engrosando el exagerado número de aquellos que van a casa “a morir en paz”.
Una semana después y pese a los pronósticos mal agüeros de aquel grupo de galenos mi padre ha empezado una lenta recuperación, muy lenta como para cantar victoria o pensar que su vida ya no corre riesgo, pero recuperación al fin. Esto es paso a paso, hora por hora, día por día. Ya veremos si contra todos los augurios de los profesionales de la salud vuelve a salir avante esta vez, pero lo que no dejo de preguntarme es: “¿Estamos dando lo suficiente, lo necesario, lo justo, o todo para enfrentar cada situación en nuestras vidas? En el caso mencionado anteriormente estoy convencido de que cierto grupo de médicos apenas si hizo lo justo, ni siquiera lo necesario, mucho menos todo lo que podrían para intentar salvar una vida.
¿Pero acaso nosotros estamos dando todo en el día a día?
¿Estamos dando todo lo que podemos en nuestro trabajo?
¿Estamos dando lo mejor de nosotros a la sociedad?
¿Estamos dando todo el tiempo, cariño y atención a nuestros seres queridos?
Seguro estamos debiéndonos todos. Nos acostumbramos a no tener tiempo para nadie y a dar lo mínimamente necesario en el quehacer diario, que poco o nada debería sorprendernos que al estar cerca de la muerte llegue un grupo de desconocidos y repitan el ciclo de dar apenas lo justo, peor aún, que tus propios seres queridos opten por darte apenas el tiempo que les dedicaste. La vida es un suspiro. Hay que tratar de vivirla a plenitud, dando todo lo que podamos, cada momento, de brindarnos por entero sin importar el porqué.
Si no vives para servir, entonces no sirves para vivir.